El sector de la ferretería, bricolaje, construcción y reformas, ante la estrategia del confinamiento

 

El impacto económico de la emergencia sanitaria generado por el coronavirus se traduce en España en unas previsiones de caída del PIB por encima del 10% para 2020. En concreto, el Fondo Monetario Internacional prevé una caída del PIB en España para 2020 un 14% más alta que en el resto de la Unión Europea y una recuperación para 2021 un 11% menor que en el resto de Estados miembros. En paralelo, se estima que el impacto en el ámbito laboral deja en el aire a 7,2 millones de empleos —4 millones afectados por Expedientes de Regulación Temporal de Empleo—, lo que equivale a un 31% de la población activa.

En este contexto, con el alto coste que supone para las arcas públicas hacer frente a los más de 25.600 millones de euros que implica el impacto de las medidas laborales, es de vital importancia mejorar la estrategia de reapertura de la economía de forma inteligente y segura. Una necesidad de la que el sector del bricolaje, la ferretería, la construcción y las reformas es un buen ejemplo. Considerado la “farmacia del hogar”, su cierre en las últimas semanas contrasta con la relativa normalidad con la que dicha rama de actividad ha seguido operando en buena parte de los países de nuestro entorno.

Se trata de un sector que mantiene 8.000 tiendas y emplea a 150.000 personas entre distribuidores y proveedores, produce un nivel de negocio anual de en torno a 9.000 millones de euros de facturación y tiene un impacto inducido de 18.000 millones de euros; es decir, 27.000 millones de impacto directo e inducido en la economía española.

Por el contrario, el parón en la actividad económica del sector está generando un coste fiscal de 128,8 millones de euros mensuales, teniendo en cuenta que el 18,37% de los trabajadores del sector se encuentra en situación de desempleo y que el 81,63% restante está afectado por un ERTE. A esto hay que añadir el aporte fiscal que estos 150.000 trabajadores estarían generando de estar activos: 150,5 millones de euros al mes. Es decir, que el coste para las arcas públicas cada mes que permanecen cerrados los negocios de bricolaje, ferretería, construcción y reformas es de 279,3 millones de euros.

Más allá y con independencia de su superficie, los negocios de bricolaje, ferretería, construcción y reformas prestan un servicio esencial como “farmacia del hogar”, al comercializar bienes y productos de primera necesidad y esenciales para garantizar la habitabilidad, seguridad, confortabilidad, higiene y adecuado mantenimiento de los hogares españoles. Por ello, “sería pues recomendable que este sector estratégico ocupe un lugar prioritario en la estrategia de salida del confinamiento”.

De hecho, FORO REGULACIÓN INTELIGENTE ha llevado a cabo un análisis comparado con 38 países europeos y miembros de la OCDE, en la gran mayoría han permanecido abiertos desde el principio y, allí donde se decretó su cierre temporal, se ha establecido su reapertura controlada en el primer escenario de desescalada.

España es, pues, una anomalía en su entorno al mantener los establecimientos de bricolaje, ferretería, construcción y reformas cerrados, máxime cuando los indicadores sanitarios son ya favorables a una desescalada inteligente que permitiría al sector contribuir a la recuperación económica del país garantizando la salud de trabajadores y clientes.

Por todo ello, con ánimo de enriquecer las propuestas iniciales del plan de reapertura, FORO REGULACIÓN INTELIGENTE considera vital la mejora del calendario que afecta al sector teniendo en cuenta, entre otras razones, que:

  • Las tiendas del sector, “farmacias del hogar”, con independencia de su superficie, deben tener la consideración de esenciales, ya que venden productos y servicios de primera necesidad para garantizar la habitabilidad, seguridad, confortabilidad, higiene y adecuado mantenimiento de los hogares españoles. Así lo ha considerado la mayoría de países de nuestro entorno, donde han permanecido abiertos desde el principio del confinamiento.
  • Los productos que se encuentran dentro del catálogo del sector son de vital importancia. De hecho, más allá de facilitar de nuevo su venta, deberían quedar sujetos a descuentos fiscales (IVA, Sociedades…).
  • Muchas de las tiendas del sector que permanecen cerradas se encargan del suministro para el mantenimiento y seguridad de otras actividades consideradas esenciales, estratégicas o de primera necesidad, incluyendo las de centros hospitalarios u otras empresas.
  • Una reapertura más ágil permitiría reabsorber a más de 150.000 empleados directos, que generan al Estado un coste de cerca de 280 millones de euros al mes entre ayudas y transferencias, y los tributos que dejan de ingresar las arcas públicas.
  • El sector, además, genera 9.000 millones de euros anuales y, de manera inducida, otros 18.000 millones de euros. Cada mes que estos establecimientos permanecen cerrados se pierden 2.250 millones de euros.
  • Las grandes tiendas de bricolaje, cuya apertura no está prevista hasta la fase 2, tienen la capacidad, dadas sus características, de atender de forma fiable y ordenada a los clientes que reciban, lo que permite modular el flujo de personas y garantizar que se mantienen las distancias de seguridad entre personas. Además, tienen más posibilidades para implantar medidas de control de aforo y realizar controles de entrada y salida, así como mamparas y otras.
  • Dentro de cada comercio, la disposición rectangular y por pasillos de las grandes tiendas de bricolaje hace que sea más sencillo establecer reglas de distanciamiento o mantener filas que respeten las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias.
  • Al tener una mayor plantilla de mayor tamaño, las grandes superficies especializadas en ferretería, bricolaje, construcción y reformas disponen de mayor flexibilidad para establecer turnos de trabajo y horarios de apertura más prolongados, lo que reduce la exposición de sus trabajadores y la concentración de clientes.
  • Las grandes superficies especializadas en ferretería, bricolaje, construcción y reformas cuentan con una mayor capacidad económico-financiera para adaptarse a un entorno sanitario cambiante. Esto permite desplegar innovaciones en materia de seguridad, protección e higiene con mayor rapidez y eficacia.