Las sanciones económicas se han convertido en una parte fundamental de las herramientas diplomáticas de Occidente. Las guerras en Ucrania y en Oriente Medio han vuelto a abrir el debate acerca de su efectividad. Existe evidencia de que el modelo tradicional de sanciones surte efecto a la hora de constreñir al Estado objetivo, dificultando la consecución de sus objetivos maliciosos. Sin embargo, las sanciones no siempre son suficientes para que lograr que el régimen en cuestión abandone las acciones maliciosas que se pretende revertir.
Un nuevo documento del Adam Smith Institute (ASI) divulgado en España por Foro Regulación Inteligente (FRI) evalúa la nueva estrategia de sanciones de Reino Unido y plantea su reforma y adaptación a nivel europeo, como fórmula para aumentar la efectividad de estos programas y, por ese camino, erosionar la capacidad militar y económica del Estado sancionado.
El régimen de sanciones de Occidente necesita mejoras. Como ilustra el caso ruso, la regulación de las sanciones deja la puerta abierta a la elusión parcial de los castigos a través de terceros países. Además, el marco de incentivos desarrollado en los últimos años no ha hecho lo suficiente para incentivar transferencias más intensas de capital desde los Estados sancionados hacia Occidente.
Tomando a Rusia como caso de estudio, el documento recomienda una serie de medidas, entre ellas ligar la operativa de las empresas occidentales en los Estados sancionados a través de un régimen de autorización o licencia que permitiría penalizar a los terceros países que faciliten la evasión de las sanciones.
El gobierno británico ha planteado la modernización de la regulación de las sanciones con su estrategia Triple D, basada en combinar acciones de DISUASIÓN de las acciones maliciosas, DISRUPCIÓN de las prácticas malignas y DEMOSTRACIÓN de una disposición efectiva de defender la validez de las sanciones. El documento del ASI, coeditado por FRI, se basa en esta estrategia y esboza cómo podría ser un planteamiento de “sanciones económicas 2.0” para Reino Unido y Europa.
En concreto, el informe sostiene que el principal objetivo debería ser erosionar la capacidad del Estado hostil para llevar a cabo sus actos agresivos. En otras palabras, la DISRUPCIÓN debe ser el objetivo principal, puesto que ello facilita la DISRUPCIÓN y la DEMOSTRACIÓN a la hora de construir un régimen coherente de sanciones.
El documento utiliza a Rusia como caso de estudio del Estado sancionado, y esboza las siguientes formas de impedir que obtenga recursos económicos y militares para librar una guerra contra Ucrania, y que eluda cualquier sanción. Estas medidas pueden utilizarse para sancionar a aquellos países que lleven a cabo actividades hostiles en manifiesto quebranto de la legalidad internacional.
El documento pretende informar a los responsables políticos de la comunidad internacional sobre la necesidad de reflexionar de forma inteligente sobre los marcos de sanciones, aplicando mecanismos de mercado a su ejecución con el fin de reforzar la democracia, el liberalismo y la prosperidad occidentales frente a adversarios autoritarios.
Los países que colaboran para sancionar a Rusia deberían restablecer los mecanismos de trabajo del Comité de Coordinación para el Control Multinacional de las Exportaciones (CoCom). Durante la Guerra Fría, dicho órganofue eficaz para impedir el acceso de la Unión Soviética a la tecnología occidental. Su sucesor, el Acuerdo de Wassenaar, no se centra en regular las exportaciones a un país concreto, lo que lo hace mucho menos eficaz.
Exigir a todas las empresas occidentales, incluidas las instituciones financieras que operen en Rusia bajo la concesión de permisos o licencias facilitaría el control de estos flujos. De igual modo, la estrategia de “patriotismo económico” del régimen ruso se puede subvertir facilitando la denuncia pública del régimen de Vladimir Putin por parte de disidentes que deseen desmarcarse definitivamente del gobierno y contribuir a un fondo para la reconstrucción de Ucrania, así como facilitando inteligencia de relevancia para el diseño de las sanciones. Ampliar el uso de sanciones secundarias para disuadir a quienes facilitan la evasión de las sanciones, por ejemplo adoptando el equivalente de la regla FDP de Estados Unidos, es otra fórmula recomendada para elevar la efectividad regulatoria de las sanciones. Asimismo, se anima a los países de Occidente a facilitar la descapitalización de la economía rusa, incentivando la salida de capitales como fórmula para minar la capacidad económica del régimen.
En palabras de Maxwell Marlow, Director de Investigación del Adam Smith Institute, “las sanciones económicas pueden desempeñar un papel significativo en la lucha contra los Estados hostiles y los actores que desempeñan conductas maliciosas a nivel internacional, pero sólo si limitan adecuadamente su capacidad para llevar a cabo sus políticas agresivas, en lugar de actuar como medidas simbólicas. El régimen de sanciones de Occidente debe actualizarse urgentemente para reflejar este hecho, al tiempo que se aborda la evasión de las sanciones, se saca a las empresas occidentales de los Estados sancionados y se incentiva la transferencia de capital de los Estados sancionados a los Estados democráticos”.
Diego Sánchez de la Cruz, director de Foro Regulación Inteligente, considera que “el modelo de sanciones vigente en Europa, Reino Unido y Occidente no obedece a los retos de diseño propios de las guerras 2.0. Por tanto, un régimen de sanciones 2.0 debe replantear la forma en que se regulan estas penalizaciones, para aumentar su efectividad real y atajar el problema de manera innovadora e inteligente”.
El informe al completo se puede descargar aquí.