De la dinastía Ming a la regulación de la IA: la importancia de favorecer la innovación

De la dinastía Ming a la regulación de la IA: la importancia de favorecer la innovación

De la dinastía Ming a la regulación de la IA: la importancia de favorecer la innovación 2560 1579 Foro Regulación Inteligente

Eamon Passey estudia ciencias políticas y asuntos globales en la Universidad de Notre Dame, especializado en asuntos asiáticos y cultura china. Ha publicado un interesante artículo en Human Progress en el que explora cómo la historia de la dinastía Ming ofrece una lección sobre los peligros de regular en exceso la innovación, conectando esta perspectiva con el debate contemporáneo sobre la regulación de la inteligencia artificial (IA).

A raíz del lanzamiento de ChatGPT de OpenAI en 2022, surgió un clima de temor respecto a los riesgos potenciales de la IA. Encuestas recientes muestran que una parte significativa de líderes empresariales y ciudadanos apoyan medidas restrictivas, incluyendo una pausa temporal en su desarrollo, argumentando preocupaciones sobre la estabilidad y la ética. Sin embargo, el autor alerta contra el exceso de precaución, destacando cómo decisiones similares en el pasado han obstaculizado el progreso.

El texto analiza cómo, durante la dinastía Song (siglos XII-XIII), China lideraba en innovación tecnológica, con avances como la pólvora, la imprenta y la brújula, además de una floreciente economía basada en el comercio marítimo. Sin embargo, tras su derrota a manos de los mongoles y la posterior instauración de la dinastía Ming en 1368, China adoptó políticas autoritarias e isolationistas para recuperar un orden tradicional. Estas políticas, como la quema de la flota de Zheng He y el Edicto de Haijin, restringieron drásticamente la exploración y el comercio marítimo, frenando su progreso tecnológico y económico.

La dinastía Ming priorizó la estabilidad sobre la innovación, promoviendo valores confucianos, eliminando el individualismo y desincentivando el pensamiento crítico. Mientras China se estancaba, Europa florecía con la Revolución Científica y el Renacimiento, abrazando el comercio internacional y las innovaciones tecnológicas que habían sido reprimidas en China. Este contraste llevó al “Gran Divergencia”, con Europa superando a China como epicentro económico y tecnológico global, utilizando precisamente las tecnologías que China había descartado.

El autor advierte que el enfoque excesivamente precavido hacia la regulación de la IA podría tener consecuencias similares a las políticas restrictivas de la dinastía Ming. Aunque la IA plantea riesgos, también tiene el potencial de transformar positivamente áreas como la medicina y la productividad laboral. Frenar su desarrollo por temor a la disrupción podría retrasar avances cruciales y colocar a las sociedades que implementen estas restricciones en una posición desventajosa en el escenario global, como ocurrió con China frente a Europa.

El artículo al completo se puede leer aquí.