Las ciudades comienzan a luchar contra las emisiones y el cambio climático

Que el cambio climático existe es un hecho. Que guarda una relación directa con la polución, evidente. Y que las emisiones de gases tienen mucho que ver con los motores de los vehículos -aunque no solo-, irrebatible.

La proliferación de vehículos diesel en las urbes de Europa ha  incrementado exponencialmente la cantidad de partículas de dióxido de nitrógeno (NO2). Un problema que afecta a la salud de demasiadas personas como para pasarlo por alto.

De acuerdo con Eurostat, el 18% de la población europea vive en el área metropolitana de 20 ciudades, 90 millones de personas, entre los que se cuentan madrileños y barceloneses, afectados directamente por los problemas de contaminación derivados de las partículas de NO2.

Un fenómeno explicado por el hecho de que casi la mitad de los vehículos que ruedan por las calles y carreteras de Europa Occidental, son diesel. Si en Alemania, potencia de la industria del automóvil de Europa por antonomasia, el 45% del parque automovilístico lleva este tipo de motores; el porcentaje asciende al 52% en Francia y alcanza el 57% en los casos de Italia y España.

Una respuesta municipal

En este contexto, son los Ayuntamientos quienes están tomando la iniciativa ante un problema que acucia especialmente a esa veintena de grandes urbes. Londres y París, con una población que alcanza los 12 millones de habitantes en sus áreas metropolitanas, han fijado sus objetivos. Y, tras ellas, las demás.

En el caso de la capital británica se apunta directamente al bolsillo con una Toxic-charge que impone un pago de 11,8 euros para acceder a determinadas partes de la ciudad. Además, el Alcalde, Sadiq Khan, reclama a Downing Street una acción más contundente. El Gobierno británico tiene previsto que se deje de vender vehículos diesel y gasolina en 2040.

París, por su parte, mantiene una cruzada contra la contaminación de los vehículos. Hace un par su Alcaldesa, Anne Hidalgo, fijó 2025 como el año en que dejarían de circular diesel por las calles parisinas, prohibición que se ampliará al resto de combustibles fósiles para 2030. Su máxima: “Nadie tiene el derecho a contaminar el aire de los demás”.

Madrid y Barcelona, por su parte, proyectan prohibir el acceso de los diesel ente 2020 y 2025. Atenas también ha adoptado esta última fecha como límite para la circulación de diesel, algo que se pretende lograr en Roma para 2024 y 2030 en Milán.

Esta erradicación del parque móvil diesel y gasolina debe conllevar necesariamente el incentivo a una alternativa que permita garantizar el derecho al transporte con la salubridad del aire. Iniciativa en la que los vehículos eléctricos parecen ser los mejores posicionados.