El notario Fernando Gomá, cofundador de la Fundación Hay Derecho, ha compartido en Twitter un interesante hilo de reflexiones sobre los problemas que plantea la sobrerregulación. Recogemos sus comentarios a continuación:

“Legislar mucho, técnicamente mal y/o cambiar continuamente la ley aplicable no solo es incómodo sino que en mi opinión es contrario al Estado de Derecho y notablemente antidemocrático.

El Derecho tiene un sistema de adaptación de la normativa a la realidad social, de interpretación de las normas para ajustarla a las circunstancias, que se basa esencialmente en la jurisprudencia y en menor medida, en la doctrina jurídica.

Pero para eso hace falta que las normas sean estables y duraderas. Si cambian continuamente, no da tiempo que las controversias sobre determinados artículos lleguen al Tribunal Supremo y se vaya creando un poso de doctrina jurisprudencial. La jurisprudencia queda desactivada.

Otro tanto sucede con la doctrina. Analizar a fondo una ley compleja requiere mucho esfuerzo, conocimientos, muchos meses o incluso años. Nadie se compromete a eso si no sabe si la ley se va a derogar o cambiar entera de manera inmediata.

Por eso ya no hay casi tratados, sino apuntes o notas “de urgencia”. Queda también desactivada la doctrina, obligada a seguir un ritmo imposible. Eso supone que el legislador-gobierno aumenta su poder al no tener elementos moderadores o interpretadores. Si encima legisla mal, con normas incomprensibles, contradictorias o ambiguas, su poder crece aún más, porque el ciudadano está más indefenso ante él.

El resultado es contrario a la seguridad jurídica y el Estado de Derecho. Al legislador hay que exigirle que legisle de manera clara y concreta (sobre todo en temas fiscales), y lo más estable posible, no sólo por comodidad sino por un principio democrático.”