El origen de los huevos, un problema injusto para los distribuidores

Recientemente una cadena de supermercados lanzaba una campaña de comunicación asegurando que, desde el 1 de enero, había dejado de vender huevos procedentes de gallinas enjauladas. En dicho anuncio, aseguraba que se convertía en la primera distribuidora en España en garantizar que el 100% de los huevos que vende no provienen de animales enjaulados.

La normativa actual establece un código numérico que diferencia el origen del producto según sea: animales enjaulados (3), animales criados en suelo pero bajo techo (2), animales criados en campo (1) y animales criados con alimentación ecológica (0).

La medida anunciada por este grupo distribuidor no contentó a los ecologistas y animalistas, que no tardaron en señalar que el compromiso anunciado por esta distribuidora sólo alcanzaba a los huevos tipo 3 y acusarla de hipócrita al mantener la venta de los tipo 2, cuyo origen es para estos grupos “deplorable” por las condiciones de vida de las gallinas.

Sin embargo, las cifras de producción y consumo de huevos en España arrojan sombras sobre este asunto. Fuentes del sector aseguran que la mayoría de huevos que se comercializan en España son de producción nacional. Al tiempo, el 80% de los huevos que se producen en España son de categoría 3, algo que cuadra con el hecho de que, según datos de mediados de 2017, en España tan sólo el 10% de las gallinas ponedoras vivía fuera de jaulas.

Lo cierto es que todo este sistema de regulación del origen genera numerosos problemas para los grandes distribuidores. Primero, porque las presiones recaen sobre este sector y no sobre otros. Además, los códigos se fijan en cada uno de los huevos, por lo que para que el consumidor pueda comprobar el origen del huevo debe poder tener acceso al interior de los envases, con las dificultades y problemas que eso puede generar de cara al comerciante.